Hijo de dictadores evidencia dos facetas de la vacunación

Mientras miles de nicaragüenses cruzan la frontera hacia Honduras para inocularse, Laureano Ortega Murillo, hijo de la pareja presidencial y  Asesor de Promoción de Inversiones de la agencia gubernamental nicaragüense ProNicaragua, publicó una fotografía en su cuenta de Twitter durante su vacunación de manera exclusiva en su casa con Sputnik Light.

“Vacunado con Sputnik Light. Gracias a nuestro gobierno sandinista que nos garantiza este derecho y gracias a nuestros hermanos rusos por la cooperación con nuestro pueblo”, dice el post de Laureano.

Laureano Ortega fue uno de los delegados por el régimen de Daniel Ortega para recibir el reciente lote  de 896,000 dosis de Sputnik Light.

“Gracias a las gestiones de nuestro gobierno, hoy hemos recibido un nuevo lote de vacunas Sputnik Light, con la cual  ya tenemos en Nicaragua un total de 3.9 millones de vacunas Sputnik de la Federación de Rusia, distribuidas por el Fondo Ruso de Inversión Directa”, publicó Ortega Murillo el 26 de octubre.

Mientras el hijo de la pareja dictatorial es inoculado en la comodidad de su residencia, miles de nicaragüenses tienen que viajar a Honduras y hacer extensas filas para acceder a la vacuna Pfizer.

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Rechazo de la población a vacunas rusas y cubanas

Las personas mayores de 30 años fueron inoculados con AstraZeneca a partir del 20 de septiembre. Desde un día antes, las filas para poder acceder al fármaco eran extensas. 

No obstante, cuando se anunció la vacunación con la vacuna rusa Sputnik Light y las cubanas Soberana 2 y Abdala, la reacción de la población no fue la misma ya que prefirieron acudir a Honduras para vacunarse.

“Veníamos caminando en la frontera como 2 km y se apareció un microbús. Nos cobró 10 dólares por persona ida y vuelta”, dijo un ciudadano a Café con Voz que decidió vacunarse en Honduras esta semana.

Añadió que este viernes 29 de octubre, la fila para vacunarse en el puesto fronterizo El Espino se extendía por más de 2 kilómetros, superando por mucho las filas que se registraron en Nicaragua el 20 de septiembre, cuando el régimen autorizó la vacunación a mayores de 30 años con AstraZeneca.

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