Ha muerto un caballero, ha muerto el doctor Sergio García Quintero

Ha muerto un caballero, un demócrata y luchador inagotable contra la corrupción; y eso no pasa todos los días. El jurista y escritor, Sergio García Quintero, falleció el pasado 27 de julio a los 90 años de edad. Lo conocí en los primeros años de mi carrera, allá en El Nuevo Diario y siempre sentí enorme respeto por sus posiciones consecuentes, opuesto a lo ilegal, enemigo de los sobornos, de las lisonjas, de lo anti jurídico y directo al momento de decir las cosas.

«Aquí te dejo con uno de nuestros nuevos prospectos», le dijo al presentármelo el doctor Danilo Aguirre Solís, con quien le unía una entrañable amistad, en una de tantas ocasiones en las cuales indignado por asuntos relacionados con la corrupta administración de Arnoldo Alemán, llegó al periódico a poner puntos sobre íes.

«Vamos a ver si es cierto muchacho», reaccionó aquel hombre que fue juez y que por tanto, no perdía la parsimonia al momento de hablar, pero que usaba los calificativos más duros al momento de referirse a asuntos específicos. Al día siguiente, me llamó por teléfono para felicitarme por el artículo, que ocupaba la nota principal del periódico en la primera plana.

De ahí en adelante, fue constante la comunicación y mis visitas a su casa en el barrio San Judas, en donde siempre me recibía amablemente para brindar sus consideraciones sobre algún tema que le planteaba yo o bien algo de lo que él quería brindar sus opinión. Fue crítico del caudillo pactista Arnoldo Alemán, aún cuando en algún momento fueron amigos. Miguel Rosales: “Arnoldo Alemán tiene que soltar al PLC”

Antidictaduras, insobornable y «abogado de los trabajadores»

Era liberal, pero fue un hombre antidictaduras desde siempre, a tal punto que su actuar independiente como juez en la época del somocismo, le significaba el respeto de todo el que le conocía, pues no era de la cofradía de abogados, que se derretían sirviendo al dictador de turno retorciendo la ley y el derecho. El mismo Anastasio Somoza Debayle, quiso comprarlo con sobornos y se encontró con una pared repellada por la honestidad.

Peleaba por los derechos laborales y por eso también se le reconoció como «el abogado de los trabajadores», con galardones como el entregado por la Federación de Trabajadores de Managua y el gobierno de Japón le otorgó la Orden Tesoro Sagrado de la Casa Imperial.

Trabajó en el Código de Procedimiento del Trabajo, en el Manual Práctico del Trabajador, la Ley de Servicio Civil en 1990 y el Proyecto de Código Penal de Nicaragua en 1994, entre algunas de sus obras.

Anticorrupción de terrenales y «celestiales»

Fue férreo crítico de la primera dictadura militar sandinista de los años 80 y tras el triunfo de doña Violeta en 1990, a quien respaldó en su campaña electoral, se convirtió en asesor de la Alcaldía de Managua hasta 1996, cuando se convirtió en diputado del Parlamento Centroamericano, desde donde criticó a Arnoldo Alemán, por la corrupción rampante de su administración.

«Desde que asumió la presidencia, la fortuna de Alemán ha crecido más del 900 por ciento, lo que amerita una investigación criminal y el desafuero», me dijo García Quintero en una ocasión. «No estaría tan seguro de que la impunidad le ampara. Ningún ladrón puede huir ahora, tranquilo y muerto de la risa, a gozar de su fortuna. Miren lo que les ha pasado a Fujimori y a Menem. Los que traicionaron la confianza del pueblo, robaron el erario y las ayudas del exterior, en especial para la niñez, no pueden correr largo», añadió.

Alemán pactó con Ortega y se salvó la cárcel, mientras que Ortega volvió al poder gracias a ese pacto.

El jurista Sergio García Quintero, también fue crítico del actuar del fallecido cardenal Miguel Obando, cuyas actos de protección del corrupto Roberto Rivas, le llevaron a amarrarse políticamente con el hoy tirano, Daniel Ortega.

En octubre de 2002 después que Ortega y Obando sostuvieron una reunión, la decisión de juzgar a Rivas por diversos actos de enriquecimiento ilícito, desapareció de la agenda del Frente Sandinista y el cardenal se plegó completamente a las posiciones de su archienemigo de los años 80. García Quintero, que también había decidido formar parte de un grupo de liberales que se habían sumado a la Convergencia Nacional, que encabezaba el Frente Sandinista, para las elecciones de ese año, decidió apartarse de la misma.

«Ortega pensó que después de ese pacto con Obando, seguirá siendo una víbora para el Cardenal, pero una víbora santificada», dijo con ironía en aquella ocasión, al referirse a que para el prelado católico el líder del Frente Sandinista, en las elecciones de 1996 era una víbora a la que no había que darle oportunidad. Esas elecciones las ganó Arnoldo Alemán y en parte se debió a esa homilía.

Más allá de su destacado papel como jurista, el doctor García Quintero, también fue catedrático de historia, filofosofía y diplomacia, además de escritor y poeta.

«Adiós, adiós, te dejo

solamente el recuerdo

de mi paso por tu vera.

Yo me llevo en el alma,

tan solo el ansia loca

de continuar errando

por todos los caminos».

De su libro «En el camino»

Que descanse en paz, el doctor Sergio García Quintero.

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