Báez: “No acostumbrarnos a la paz y normalidad, impuesta por miedo y armas”

Silvio Báez

El obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Monseñor Silvio Báez, en su homilía dominical, instó a los creyentes a orar por la paz, ante “los aires tenebrosos de guerra”, expresando que cualquier enfrentamiento bélico es un fracaso y una derrota de la humanidad.

Báez refirió que los pueblos viven todavía bajo sistemas políticos que se imponen con terror sobre las personas, obligando a poblaciones enteras al sometimiento o al exilio en busca de una tierra de paz.

“No nos acostumbremos a la falsa paz y a la engañosa normalidad que los poderosos quieren imponer con el miedo y las armas para conservar sus privilegios”, dijo Báez.

El jerarca añadió que la paz del mundo está amenazada y que ante tanta fragilidad, el evangelio trae las palabras de Jesús: “La Paz con ustedes”

 No obstante, Báez refirió que no habrá paz social si no hay paz interior en las personas.

“Sin paz en el corazón viviremos siempre con un profundo vacío interior y no podremos transmitir ni paz, ni gozo ni esperanza. Sin paz en el corazón solo irradiaremos sospecha, división y miedo”, dijo Báez.

El jerarca refirió que no sirve de nada “acusarnos y condenarnos continuamente”.

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“Volvamos la mirada a Jesús que nos comunica con su paz el gozo de un perdón sin límites y sin condiciones. La paz de Jesús es el abrazo de la misericordia. La paz de Jesús nos levanta sin humillarnos y nos hace renacer llenos de alegría”, dijo Báez.

Por otro lado, el jerarca refirió que cuando la humanidad permite que la paz de Jesús abrace al mundo, se puede acabar con los prejuicios que dividen, las palabras que hieren, los muros que separan y la violencia y el odio que destruyen la vida.

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“Si tenemos el corazón lleno de la paz de Jesús Resucitado, resucitaremos a una vida nueva y nos volveremos constructores de un mundo nuevo. Podremos comprender y perdonar, servir y amar; nunca humillaremos ni ofenderemos”, dijo.

Finalmente, instó a acoger la paz de la Divina Misericordia, para sanar las llagas de las debilidades y egoísmos.

“Que la misericordia del Señor, acogida en nuestros corazones nos haga creyentes maduros, serios constructores de paz en el mundo y personas capaces de inclinarnos con misericordia ante las heridas de nuestros hermanos”, concluyó.

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