El Padre French recorre el Río Coco ayudando a su pueblo miskito

Padre French, el párroco miskito

A principios de 1985, cuatro jóvenes miskitos tomaban rumbo hacia Managua, viajando en un camión de carga de un comerciante local, quien les dio “raid” hasta la capital porque no tenían para el pasaje. El destino final de estos cuatro muchachos, era el Seminario Nacional de Nuestra Señora de Fátima y entre ellos se encontraba Rodolfo Napoleón French Naar, el Padre French.

Nació en una comunidad miskita llamada San Carlos, sobre el Río Coco al oeste de Waspam, hace 54 años, ingresó a la vida de cura a los 19 años y celebrará sus bodas de plata sacerdotales este 10 de diciembre de 2020. Ha sido párroco de Bilwi, de la comunidad de El Ayote y desde mediados de 2019, de su querido pueblo de Waspam.

Su padre, de oficio carpintero, se encargó de construir obras para la iglesia durante toda su vida y su talento como maestro de la madera, se mantiene vivo en muchos templos de la zona miskita del Río Coco. Esta cercanía con la iglesia fue decisiva para despertar en French, su vocación de servicio, a través de los hábitos del sacerdocio.

Las enseñanzas de su abuela, transmitidas a través de su padre, y los consejos de su madre, fueron básicos para inculcar en él los más preciados valores humanos: el amor por el prójimo, la bondad, el preocuparse por los más necesitados. “Aprendí que lo poco que se tiene, se comparte y que nunca hay que dejar pasar a alguien con una necesidad, sin hacer nada”, nos dice el Padre French.

UN VASTO TERRITORIO BAJO SU CUIDO

El Padre French atiende un vasto territorio que incluye unos 200 kilómetros, del lado nicaragüense de la rivera del Río Coco, más otra extensa zona que se interna en la montaña. En estos lugares las distancias son de proporciones bíblicas y para poder cubrirlo el párroco debe dejar Waspam e internarse en las comunidades durante varios días, muchas veces más de una semana.

Atendiendo a comunidades en las que el extraño es aquel que habla español, casi todos los oficios religiosos los celebra en miskito, su lengua nativa. Él se ha dado a la tarea de traducir los libros que se utilizan para la liturgia y espera que sean parte de su legado.

Muchos miembros de su pueblo indígena consideran una bendición el hecho de tener, no uno sino cuatro sacerdotes miskitos producto de la ordenación de 1995. French recuerda que la primera vez que visitó la comunidad de Cabo Gracias a Dios, la cual atiende dos veces al año, supo de miskitos hondureños que caminaron durante tres días, para venir a conocer al “Padre Miskito”, lo que era para ellos algo muy grande dado que la comunidad Miskita de Honduras no tiene a ningún miembro propio dentro del clero.

MARCADOS POR EL OLVIDO

Según la tradición oral de los miskitos, hace muchos siglos un pueblo, dirigido por su líder guerrero Miskut, emigró desde el norte de Sudamérica, recorrió la costa del Caribe y se estableció en el continente, en un lugar donde confluían un río, una laguna y el mar. Su territorio, que se extiende desde Cabo Camarón en Honduras hasta más al sur del Río Grande de Matagalpa en Nicaragua. Para ellos el río es solo una franja de agua más, la frontera, al igual que las leyes y el sistema de gobierno son imposiciones de la gente del pacífico.

La llamada reincorporación de la Mosquitia, por parte del presidente José Santos Zelaya en 1894, fue para el pueblo Miskito apenas la primera falacia, de muchas otras que vendrían a través de su historia y que prevalecen hasta el día de hoy.

Sobre el río no existen medios de transporte regular, si alguien necesita movilizarse debe esperar, muchas veces varios días, a que algún lugareño con canoa, pipante, lancha o bató les dé un aventón. La señal de celular es inexistente desde apenas un par de kilómetros después de salir de Waspam, una lancha que sirva de ambulancia para trasladar los casos de gravedad es más que un sueño y la electricidad solo es posible si se tiene la dicha de contar con un panel solar para lo básico.

Los puestos médicos son sumamente escasos y surtidos apenas con unas cuantas medicinas, por ello, es usual conocer de mujeres que mueren durante el parto, las enfermedades infecciosas estomacales forman parte del pan nuestro de cada día. Los niños viven permanentemente millonarios de lombrices y el tratamiento del agua para beber es absolutamente nulo. La basura es otro gran problema, sobre todo porque desde “la civilización” llegan toneladas de plástico que no tiene forma de ser reciclado.

EL NILO NICA – BENDICIÓN Y DESGRACIA

Si bien el río es fuente de sustento por cuanto de él se obtienen peces y en sus riveras crecen los cultivos de arroz, frijoles, maíz, yuca, malanga y legumbres, cada vez que se da una “llena” del «Wanki», los descendientes de Miskut tienen que lidiar con las aguas que inundan sus letrinas, contaminan sus fuentes de agua potable e inundan sus cultivos.

El Wanki, -nombre que le dan los miskitos al Río Coco- puede llegar a ser tremendamente catastrófico, nos dice el Padre French, durante sus crecidas el agua puede llegar a inundar kilómetros y kilómetros tierra adentro y su fuerza puede llegar a ser descomunal, como cuando durante el huracán Mitch, la comunidad de Laguntara terminó del lado de Honduras, porque la fuerza caprichosa de su corriente modificó su curso original, los miskitos que vivían ahí tuvieron luego que volver a armar sus casas del lado nica del Wanki.

El vivir río abajo es vivir a la expectativa de lo que pase río arriba, las lluvias que caen en Nueva Segovia y Jinotega o aún las precipitaciones sobre sectores de Honduras que alimentan los afluentes del Coco, ocasionan “llenas” que llegan río abajo sin aviso previo alguno, por cuanto no existe un sistema de alerta y tampoco un sistema de comunicación que les haga llegar la alarma.

Después del paso de dos huracanes en menos de tres semanas, la zona ha quedado anegada y las aguas no habían bajado, aunque ya habían pasado más de quince días al momento en que visitamos el área. French teme que con el pasar de los días las ayudas se agoten y que llegue un momento en el que su gente vuelva a pasar hambre, es por ello que está pensando más allá del futuro inmediato.

LOS ANHELOS DEL PADRE FRENCH

Aunque ahora mismo el sacerdote está enfocado en la recolección de víveres para atender la emergencia, desde ya ha comenzado a visualizar su próxima meta y se la ha fijado en conseguir semillas mejoradas de frijoles y de maíz, para que el sistema autosostenible sea posible, tan pronto como las tierras de las riveras estén aptas para ser sembradas. No obstante, desde que la semilla sea entregada hasta que llegue la cosecha, pasarán meses en los que la gente tendrá que administrar muy bien la ayuda que él les ha conseguido.

El párroco de Waspam sueña en grande y quisiera poder llevar algún sistema que le permita a su pueblo tomar agua limpia, construir un sistema de comunicación por micro-ondas que le permita tener una red sobre el río, mediante el cual se puedan enviar y recibir mensajes en tiempo real.

Igualmente sueña poder contar algún día con una panga que le permita recorrer las grandes distancias en un menor tiempo y está empezando a explorar posibles soluciones para el tratamiento del plástico, quizás mediante un sistema que le permita que las comunidades los recolecten para reciclaje y quiere contactar con expertos para tratar de mejorar el sistema de letrinas.

Pero si hay algo que el Padre French realmente quiere, es que Nicaragua sepa y no se olvide que el pueblo miskito existe, que ellos son una realidad y que se sensibilicen frente a sus necesidades. Que el mundo entero se desborde en solidaridad hacia su gente, pero dándole redes y no pescados porque es urgente que las comunidades regresen lo antes posibile a sus propios sistemas de auto sostenibilidad.

Si usted desea colaborar con la causa del Padre Rodolfo French, puede contactarlo a su correo electrónico [email protected]

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