Báez: “Quien se impone por la fuerza, no revela grandeza sino mezquindad enfermiza”

El obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio José Báez, dijo el domingo que quienes imponen a los demás su voluntad y caprichos por la fuerza, no son personas seguras y poderosas, sino débiles y con enormes problemas morales que podrían considerarse hasta enfermas.

Báez en su homilía en la iglesia Santa Agatha en Miami, recordó el pasaje en el cual Jesús les enseña a sus discípulos que el “hijo del hombre” debe ser entregado, que no es más grande el primero sino el último y la importancia que él le daba a los más pequeños, a los más olvidados.

“Jesús sabía que su vida podía acabar en una tragedia, como efectivamente ocurrió, pues su palabra estaba resultando cada vez más incómoda al poder religioso y político. Sin embargo, Jesús no se echó atrás. Pudo evitar la pasión y la cruz: habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del procurador romano. Sin embargo, Jesús ´se entregó´ cada día. No huyó de las amenazas, ni modificó su mensaje para no descontentar”, dijo el obispo Báez.

Agregó que Jesús enseñó que no hay que negociar la verdad, ni traicionar el amor. “Él prefirió entregar la vida y ser ejecutado antes de ser infiel a la voluntad de Dios, su Padre. Jesús no vino para ser servido, sino para servir; no vino a imponerse, sino a hacer el bien; no vino a recibir nada, sino a darlo todo por amor”, indicó.

“Nosotros, sus discípulos, debemos aprender este camino. Con tal de amar y servir y de buscar siempre el bien de todos, sin esperar gratificación alguna, hay que estar dispuestos a ´ser entregados´, hay que estar dispuestos siempre a perder por amor. Con tal de ser fieles al sueño de Dios, que desea un mundo más humano, más justo y digno para todos, hay que olvidarse de sí mismos, servir y buscar siempre el bien de todos, dispuestos, incluso, a dar la propia vida”, añadió Báez.

Los que se imponen por la fuerza son enfermos

Asimismo recordó que la historia ha enseñado que la ambición de poder es un principio de destrucción. “Cuando alguien busca tener éxito y estar en el primer lugar, a toda costa y a cualquier precio, siempre produce división, humillación, pobreza y dolor. A nivel social, los pueblos dominados por personas cegadas por la ambición de poder son pueblos empobrecidos, maltratados y prácticamente secuestrados por quien domina y se impone desde arriba”.

“Los honores, los cargos importantes y los títulos no nos hacen más grandes. Desear que los otros nos alaben, nos obedezcan o nos sirvan, no nos hace más importantes. Quien se impone con la fuerza y hace de su voluntad la ley, no revela su grandeza, sino su pequeñez moral y su mezquindad enfermiza. Jesús quiere erradicar de la convivencia tres verbos mortíferos: tener, subir y mandar, y propone, en su lugar, cultivar tres verbos que dan vida: dar, bajar y servir”, sostuvo el obispo Báez.

Por eso -añadió- la Iglesia no deja nunca de escuchar con atención amorosa el grito de los pobres, el dolor de los enfermos, las lágrimas de las víctimas y el sufrimiento de los encarcelados. Por eso, la Iglesia está siempre atenta a servir y defender la dignidad y el derecho de los más débiles y vulnerables, sin miedo a las calumnias y a la persecución”.

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