Quino

Buenos Aires, 30 sep (EFE).- La muerte del humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado «Quino», a los 88 años, dejó este miércoles huérfanas a las miles de personas que adoptaron a la entrañable Mafalda como una más de la familia, sin olvidar a Manolito, Susanita y Felipe y a todos los personajes con los que el dibujante argentino dio la vuelta al mundo a lo largo de casi seis décadas.

El autor, que desde hace varios años se trasladaba en silla de ruedas y venía acusando diversos problemas de salud, falleció por la mañana en Mendoza, la misma ciudad donde se establecieron sus padres cuando emigraron a Argentina desde España y donde nació en 1932.

«Estaba tranquilo, en su casa, no pasó nada más que el devenir de sus años y su salud de este último tiempo. Se murió de viejito, habiendo vivido su vida íntegramente», dijo a Efe Julieta Colombo, sobrina de «Quino», como se le empezó a llamar desde chico para diferenciarlo de los muchos «Joaquines» que había en su familia.

En los últimos tiempos, con dificultades de visión y a pesar de estar retirado del dibujo, el célebre autor siguió asistiendo a diversos homenajes a su obra. Uno de los más recientes fue a finales del año pasado en la Universidad Nacional de Cuyo de su ciudad natal, adonde se mudó a finales de 2017 desde Buenos Aires tras quedarse viudo.

Si bien se desconocen los detalles de su funeral, no se espera ningún acto público, por el contexto de fuertes restricciones por la pandemia del coronavirus.

UN MAR DE CONDOLENCIAS

En las redes y a través de los medios de comunicación, rostros anónimos y populares, representantes de la política y la cultura quisieron despedirse del popular dibujante y agradecerle de forma póstuma su legado, que en los últimos años le valió galardones como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y la Medalla de la Orden y las Letras de Francia.

A esto se suma la cantidad de personas que se acercó a lo largo del día al popular monumento de Mafalda, Susanita y Manolito ubicado en el barrio porteño de San Telmo, junto al edificio en el que nacieron de manos de su virtuoso papá.

«Gracias por tu arte, por tu talento y por tu compromiso con la Argentina. Hasta siempre, Quino», se pudo leer en la cuenta oficial de la Casa Rosada, sede del Gobierno del país sudamericano, que tiene en Quino uno de sus mayores representantes en todo el mundo.

Desde la Real Academia de la Lengua (RAE) destacaron que «sus certeras palabras viajaron a ambos lados del Atlántico gracias a sus viñetas y su peculiar sentido del humor», mientras que la Unicef recordó y agradeció el «invaluable compromiso» de Quino en promover los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Los españoles Alejandro Sanz, que afirmó que le encantaba Mafalda y su «visión del mundo»; Fernando Aramburu, y su lamento porque la pequeña contestataria y Manolito hayan quedado «huérfanos», y el mexicano Jorge R. Gutiérrez, que destacó la «profunda influencia» de Quino para un «sinfín de generaciones», también rindieron homenaje a este «genio del humor», como le llamó Santiago Segura.

SU TÍO JOAQUÍN, CLAVE

Influenciado por su tío Joaquín, quien le despertó la pasión por la ilustración, la trayectoria de Quino se remonta a su más temprana juventud, cuando comenzó a estudiar dibujo en la Escuela de Bellas Artes mendocina.

Ya centrado en el mundo gráfico y la historieta, con 22 años se trasladó a la capital argentina, donde no tardó en publicar su primera página de humor gráfico y empezó a colaborar regularmente en diversos medios y a realizar ilustraciones de campañas publicitarias.

Su primer libro, «Mundo Quino», una recopilación de dibujos editados hasta el momento en revistas de la época, llegó en 1963, poco antes de que un encargo publicitario le cambiara la vida.

EL NACIMIENTO DE MAFALDA

Las aventuras de Mafalda y de sus amigos Manolito, Susanita y Felipe, con los que Quino alcanzó el éxito en decenas de idiomas, se desarrollaron solamente de 1964 a 1973, aunque su imagen y sus atemporales e irónicos mensajes por un mundo mejor han hecho inmortal e icónica a la pequeña.

«Viendo las cosas que hice en todos estos años me doy cuenta de que digo siempre las mismas cosas, y siguen vigentes. Eso es lo terrible… ¿No?», contó el humorista gráfico a Efe en una entrevista en 2016.

Mafalda nació para ser la imagen de una nueva línea de electrodomésticos llamada Mansfield, que buscaba un personaje que comenzara con «M», pero cosas del destino, finalmente no salió adelante por el fracaso de la marca.

Lejos de quedar en un cajón, Quino la rescató para sus siguientes trabajos en prensa: la pequeña amante de los Beatles, la democracia, los derechos de los niños y la paz, y detractora de la sopa, la guerra y James Bond apareció por primera vez en «Gregorio», el suplemento de humor de la revista «Leoplán».

Y poco a poco se fue convirtiendo en el símbolo que es ahora, al editarse regularmente en otras publicaciones y en libros recopilatorios. En 1973, con el convencimiento de no querer cansar ni repetirse, Quino decidió dejar de crear nuevas historias de Mafalda, y solo volvió a dibujarla en contadas ocasiones.

LA VIDA MÁS ALLÁ DE MAFALDA

Durante los años en que creo a su particular hija, Quino publicó otros libros como «A mí no me grite» (1972) y «Yo que usted» (1973).

En 1976, cuando en Argentina se instauró la última dictadura cívico militar, que duró siete años, el dibujante se trasladó a Milán, donde continuó realizando páginas de humor, y en las décadas posteriores su popularidad en todos los continentes no dejó de crecer.

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