El padre Marcos Somarriba, parroco de la iglesia Santa Agatha en Miami, dijo que los tiranos no tienen paz porque saben que lo que han logrado, ha sido con base en el sufrimiento de un pueblo al que han oprimido, robado y mancillado, y que por eso no confían en nadie, no duermen tranquilos y desconfían hasta de su propia sombra.
Somarriba denunció que los dictadores, igual que el hijo pródigo del evangelio del domingo hay quienes creyéndose que se lo merecen todo, ven al padre muerto y le arrebatan lo que no es de ellos, roban y se alejan de quien es verdaderamente dueño. «Se van lejos a usar los bienes arrebatados para vivir una vida disoluta, una vida que se les llena de poder, arrogancia, vicio, maldad y hasta llegan a creerse dioses, y hasta se creen en control y dueños de la vida», dijo.
«Se convierten en sanguijuelas y parásitos»
Añadió que esos bienes mal habidos les hacen sentirse superiores, falsamente famosos y encumbrados sobres los demás. «Lo arrebatado y robado, lo que no les pertenece lo despilfarran a diestra y siniestra, se prostituyen y prostituyen a los demás y se hacen de amigotes que solamente los celebran, los enaltecen por el poder mal habido que demuestran, el dinero robado que nunca han trabajado en su vida como el atrevido, osado y creído hijo menor de la parábola, le dan mal uso a lo que no es de ellos, lo usan para ganarse secuaces que como ellos mismos se convierten en sanguijuelas y parásitos que solo viven de la sangre de los demás en la que se alimentan para sobrevivir y mostrarse grandes y poderosos».
Somarriba explicó que aunque el hijo menor de la parábola y los dictadores y verdugos de nuestros pueblos pueden parecer muy distintos a primera vista, hay ciertas comparaciones que pueden ofrecer valiosas lecciones y perspectivas.
Mención por ejemplo el malgasto y muchas decisiones equivocadas que solo causan mal y daño. El hijo pródigo toma su herencia prematuramente y la malgasta en una vida de desenfreno. Sus decisiones lo conducen a la ruina personal y espiritual. «De manera similar, los ladrones y dictadores a menudo malgastan los recursos de sus países, tomando decisiones autocráticas que conducen a la pobreza, el sufrimiento y el destierro de las naciones», ilustró.
Añadió que ponen sus intereses personales y ambiciones desmedidas de poder por encima del bienestar común. «Producen hambre y miseria para el pueblo y a la vez, ellos se llenan de una miseria que no es ausencia de pan sino de paz y bienestar ya que no duermen y no viven en paz, su conciencia los azota constantemente y les llena de inseguridades y miedo, que no llegan a confiar ni en su sombra», afirmó.
Somarriba sostuvo que aunque muchas veces protegidos por su poder, los dictadores, los equivocados, inevitablemente causan un daño duradero a sus pueblos, la injusticia, la corrupción y la represión tienen consecuencias devastadoras para la sociedad «y al final para ellos mismos, aunque lo que demuestran y como hablan diga lo contrario, se llegan a creer que van de victoria en victoria cuando la realidad es lo contrario».
¿Pueden cambiar como el hijo pródigo?
Somarriba dijo que pese a que parece improbable, existe la posibilidad de cambio y arrepentimiento incluso para los más opresores. «La historia ha mostrado que algunos líderes finalmente enfrentan sus errores y buscan reformas, aunque desafortunadamente no siempre es el caso y acaban autodestruyéndose a si mismos junto con los suyos mas cercanos».
«En el contexto de los pueblos que sufren bajo la opresión, así como de los líderes opresores, el padre representa una fuente de esperanza y refugio. El padre recibe al hijo menor sin condiciones, con los brazos abiertos, simbolizando el amor incondicional de Dios hacia todos sus hijos».
El sacerdote recordó que Dios ofrece refugio y transformación para los verdugos también. «Al igual que el hijo menor que regresa, los opresores también tienen la oportunidad de cambiar, aunque esto se vea como algo imposible. La figura del padre muestra que el perdón está disponible para aquellos que sinceramente buscan la reconciliación y el cambio, sin importar cuán lejanos estén», indicó.
Concluyó diciendo que Jesús hace un llamado a la reconciliación: Para los líderes y verdugos en el contexto de la opresión, el amor del padre es una invitación a reconciliarse, no solo con los demás, sino también consigo mismo y con los valores fundamentales de justicia y misericordia. «Este llamado puede ser la base para un cambio genuino y una apuesta por una sociedad más equitativa. El Padre no se cansa de mirar por la ventana lleno de esperanza esperando el regreso de todos».